viernes, 13 de diciembre de 2013

Sólo te quiero decir que...

Muchas veces te suelo escribir diciendo que mis palabras no tiene alguna dedicatoria, muchas veces te sueño, te pienso a todas horas, mi mano te busca, mis labios anhelan la miel de los tuyos, mi boca se va sintiendo sola poco a poco, mis labios de resecan y de ellos cuelgan pequeñas partes de piel que se quieren suicidar; se van poniendo cada vez más duros, cada vez más ásperos, cada vez más fríos y no estas tú para sanarlos, para acariciarlos lentamente o para simplemente arrancar aquellas partes de piel suicidas y con pequeños besos ir sanando mis heridas. 
Muchas veces mi otro yo te busca y no se cansa de hacerme sentir más miserable, de repetirme que no estás y que probablemente no vuelvas a estar en un futuro y solo me quede con las hojas muertas del pasado. 

Te seguiría escribiendo toda la noche, todos los días, todas las madrugadas de insomnio, pero, probablemente te hartarías de leerme, pero probablemente escribirte sea inútil. Probablemente en estos momentos te encuentras bien junto a alguien; viviendo el presente, planeando tu futuro con él, olvidándote cada vez más de mi, dejando a un lado nuestro pasado y lo que algún día fueron los mejores momentos de mi maldita vida. 

Aunque ¿sabes? realmente no sé la intención que tengo al escribirte, ni sé porque razón trato de llamar tu atención, no sé porque adelante de mi sólo veo niebla y atrás de mi veo un bonito atardecer; trato de ir hacia atrás, pero de pronto ese lindo amanecer se convierte en una cruda noche y todos mis miedos salen de la tierra, listos para enterrarme vivo. No sé que sentido tiene tratar de ser escuchado por alguien que se hartó de lo que escribo, alguien que me dejó a mi suerte, alguien que dibujó tantas sonrisas en mi, pero finalmente no sirvió de nada porque cuando se fue cobárdemente decidió arrancarme cada una de las sonrisas que me había proporcionado. 

No sé lo que estoy escribiendo en estos momentos, no sé que soy o quien llegue a ser para ti, miro al espejo y no me reconozco; luzco tan infeliz, tan lleno de odio y con unos ojos que quieren llover porque han tenido muchos meses de sequía; no, no es eso, si sé quién soy, y sé lo que quiero decir con todas estas palabras tan vanas y tan inútiles, y me es tan difícil pronunciarlo, me es tan difícil gastar letras para decírtelo, en fin, acabemos con esto; me terminaré de echar el último puñado de tierra diciéndote: te extraño.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario